Salmo 51
El Salmo 51, conocido por su primera palabra en latín como Miserere, es la oración clásica de dolor por el pecado y de confianza en la misericordia de Dios. La tradición lo relaciona con el rey David después de que el profeta Natán le hablara. Se reza a menudo los viernes, en Cuaresma y antes de la confesión. El texto procede de la Reina-Valera de 1909.
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia: conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí.
A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.
He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría; y se recrearán los huesos que has abatido.
Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu.
Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente.
Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti.
Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: cantará mi lengua tu justicia.
Señor, abre mis labios; y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; no quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Haz bien con tu benevolencia a Sión: edifica los muros de Jerusalem.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada: entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.