Quietud
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.
Salmos 46:10 (RV1909)
Quedarse quieto cuesta. El teléfono vibra, los pensamientos dan vueltas y el silencio puede parecer tiempo perdido. Sin embargo, este versículo nos invita a detenernos, no porque todo esté resuelto, sino porque no somos nosotros quienes sostenemos el mundo. Pruébalo durante un minuto: deja las cosas a un lado, respira despacio y relaja los hombros. En esa pequeña calma quizá descubras que Dios estuvo aquí todo el tiempo, firme bajo el ruido.
Oración
Señor, calma mi mente acelerada y ayúdame a descansar sabiendo que tú eres Dios.
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